Ahora que en el PRD se desarrolla una tendencia de carácter conservadora, resulta interesante que sus promotores lean con exactitud en los acontecimientos del pasado para orientar sus recetas en la dirección de mayor conveniencia para el partido.
Ese asalto de valores tan distantes del partido blanco, puede provocar rupturas en sectores que perciben los intentos de construir un “nuevo partido” como el camino más corto a su desnaturalización, porque los componentes que pretenden inyectar no se corresponden con la dinámica de una propuesta política que tiene sus complejidades.
El partido que se quiere imponer es una organización de liderazgo Único.
Y esa fatalidad de hacer de un dirigente ordinario “líder” es una de las payasadas capaces de revelar la insensatez de gente que hoy orienta al presidente del PRD.
Esos orientadores podrían tener éxito en el ámbito financiero, y hasta horas de triunfo en compañías en otros países. Ahora bien, al intentar reproducir experiencias ajenas e introducirlas localmente nos están conduciendo por los caminos de una derrota electoral traumática.
Las líneas maestras de orientación del PRD no van por buen camino.
Creemos que ser de derecha nos conduce a la victoria, y con eso se está provocando un amargo debilitamiento de la histórica base social del partido blanco.
Y para entenderlo, hay que dedicar más tiempo a las ideas y mostrar menos afán por los negocios.